Portal del Embarazo

Una nueva manera de ser padres

Actividad Nº 16


Durante las cuarenta semanas del embarazo, la mujer no sólo gesta a su bebé, también se gesta a sí misma. En este proceso comienza a aparecer en su mente no sólo la idea de un hijo, sino también la de una madre.
 
Las expectativas sobre la maternidad comienzan a tener mayor cabida en la medida que la mujer puede visualizar a su bebé intrauterino mediante ecografías, pudiendo entablar con él un diálogo en útero.
 
La evidencia sugiere que el estado psico-emocional de la madre tiene efectos directos en la salud de su bebé en gestación, ya que a través de la barrera de la placenta penetran y actúan diversas sustancias. Entre estos elementos figura el cortisol, más conocido como la hormona del estrés, que es producido por el cerebro de la madre en una situación de tensión, y hace que en la sangre se libere suficiente glucosa como para provocar en ella un estado de alerta inmediato, afectando al bebé.
 
Es por esto que estados prolongados de tensión durante el embarazo producen el mismo efecto en el bebé intrauterino, alterándose la salud de éste. Así, todo lo que la madre sienta, piense y coma va a afectar directamente al hijo.
 
Estados de bienestar maternos aportan un clima de mayor tranquilidad, conexión y cercanía al bebé. De esta manera, el vínculo prenatal materno-filial comienza a diseñar una relación sana desde el inicio. Todo lo que se experimente durante esta etapa será la primera escuela para el bebé y su madre.
 
El bebé es una persona
 
El bebé es un ser sensible y vulnerable porque cada uno de sus sistemas está en pleno desarrollo y depende absolutamente de sus padres. Una vez que ha alcanzado las cuarenta semanas y es expulsado tiernamente por el útero de su madre, ve el rostro de ella y se aferra a su cuerpo.
 
El hecho de establecer contacto físico no es trivial. Todo mamífero necesita sentirse protegido, sobre todo los seres humanos, que nacemos inmaduros a diferencia de otras especies que ya desde el nacimiento pueden caminar.
 
El bebé necesita a su progenitora tanto para alimentarse como para recibir de ella atención afectiva. Algunas veces podrá llorar en las noches simplemente para sentir que ésta atiende a su necesidad y regula así su estado de estrés, que lo toma en sus brazos y acerca a su pecho, sintiendo su olor y volviendo a la tranquilidad. De esta manera, la madre da al niño la posibilidad de aprender a calmarse a largo plazo, fortaleciendo el sistema de confianza.
 
El bebé es una persona, alguien que se ha gestado no solo en el vientre de su madre sino también en la mente de ella, y ha recibido atención y estimulación táctil y auditiva desde el mundo intrauterino. Un bebé es un ser humano que nace con todos sus sistemas en desarrollo, teniendo la oportunidad de ocupar en el mundo un espacio para sentirse correspondido desde su concepción y desarrollar todo su potencial si sus cuidadores así lo facilitan.
 
El discurso parental
 
Toda madre y padre, al momento de criar, despliega un sistema único que fue generado en su propia infancia. Así, se replican ciertas estrategias de cuidado, incluso ciertas acciones, razón por la cual no es difícil que una madre o un padre se vea repitiendo las mismas pautas de crianza con las que fue criado.
 
Es importante no atribuir a los niños ciertas características, como por ejemplo, decirle: “Este niño es mañoso/ enojón/ manipulador”, ya que se le estará entregando una imagen negativa en respuesta a su demanda, la que muchas veces representa la necesidad de interactuar, de que pongan palabras a lo que expresa para entender lo que le pasa, de regular sus emociones porque no puede hacerlo por sí mismo.
 
Hay que partir por preguntarse cómo le gustaría a uno ser tratado en una situación en la que estuviera estresado. ¿Me gustaría que me dijeran que soy un enojón o directamente me sancionaran por lo que estoy sintiendo o me hagan callar? Es importante no hacer o decir algo que no nos gustaría que nos hicieran o dijeran; comenzar por ponerse en el lugar del pequeño es el principio de una crianza consciente.
 
Los niños de hoy han sido los menos consentidos de la historia de la humanidad debido a que actualmente muchos padres no cuentan con suficiente tiempo para estar junto a sus hijos. Por este motivo, es importante que, en lo posible, se privilegie tener más momentos para compartir más con los niños, que los encuentros sean de mayor calidad y permitan entablar diálogos con ellos y jugar más. Para eso es importante estar presente no sólo físicamente sino también en la acción.
 
Mucha de la literatura dirigida a los padres promueve modelos de crianza desde el castigo o la represión y no desde la contención, de ponerse en el lugar de los bebés, incluso poder disculparse con éstos cuando muchas veces una palabra gentil generaría mayor tranquilidad para el niño y menos culpa para los padres, distinto a lo que refieren algunos manuales de crianza.
 
Los niños son seres altamente perceptivos y generosos, razón por la cual reconocer las dificultades frente a ellos genera y estimula un clima de mayor confianza, contrario a otros modelos que proponen una interacción más ambivalente y muchas veces poco predecible para el niño, resultando un clima poco consistente.
 
Para el desarrollo del pequeño es de gran relevancia recibir respuestas y acciones predecibles por parte de sus padres, de manera de poder anticipar y comprender lo que se le quiere expresar.
 
Desde la auto-observación
 
Todo parte por auto-observarse, por ser gentil con uno mismo y darse la oportunidad de reparar ciertos aspectos o acciones que podrían mejorar en beneficio de un vínculo más sano, de requerir ayuda cuando se necesita, de construir una relación en base a la confianza y lo predecible. Para esto no hay mejor acción que ser humilde con uno mismo y con ese ser especial que representa un hijo.
 
Una crianza consciente es una crianza respetuosa, que escucha lo que le pasa a un bebé y atiende a su necesidad sin perder un solo segundo, que auto-atiende además al propio estado emocional; protege y contiene pero nunca reprime o castiga.
 
La evidencia sugiere que dejar llorar a un bebé y no atender a su llanto de forma oportuna, al igual que replicar métodos de crianza que estimulen su estrés, puede causar serios daños en el desarrollo cerebral del pequeño, en su proceso socio-emocional y en cómo este se va a sentir en el mundo y va relacionarse con sus pares a largo plazo.
 
Cualquier método o práctica que aumente el estrés o cause malestar a un niño es una mala estrategia de crianza porque reduce en el bebé la capacidad de expresar sus necesidades, impidiendo que su desarrollo cerebral se potencie sanamente, y además boicotea el sistema de confianza con los padres, resultando a largo plazo una relación inestable y poco consistente en el tiempo.
 
Una manera de sembrar una relación vincular sana a largo plazo podría empezar por responder al estado emocional de los niños.  Primero, atender a la necesidad que éste presenta: si está triste, si tiene rabia, si está llorando o con algún malestar emocional, preguntarle qué le pasa, bajar a su altura física, y poner en acción la “escucha activa”.
 
Es importante atenderlos no sólo física sino también emocionalmente, ya que los niños perciben el estado emocional de sus padres. Es distinto preguntarle cómo se siente desde una actitud pasiva que hacerlo con desgano o irritabilidad.
 
También es necesario percibir qué es lo que realmente está sintiendo el niño, esto es preguntarse qué le podrá estar pasando, qué puede estar sintiendo; así se podrá atender mejor su necesidad.
 
Hay que comenzar por auto-observarse y atender a esa emoción que domina en ese instante; por ejemplo, si es rabia, pena o frustración preguntarse internamente qué causa esa emoción. De esa manera el adulto se estará auto-regulando y calmando para así poder responder de mejor manera al niño.
 
Y, por último, proceder a una maniobra de consolación, esto es atender al niño, acercarse físicamente, regular su estado emocional hasta que se calme y se sienta de nuevo confortable. 
 
Un amor incondicional
 
Un niño requiere sentirse seguro, protegido y contenido; necesita sentirse amado por sus padres. En un encuentro sobre crianza consciente realizado este año para especialistas en embarazo y primera infancia, el reconocido pediatra español Carlos González manifestó que lo que más aprecian y necesitan los niños en este mundo es sentirse amados, ya que ellos aman incondicionalmente a sus padres y su mayor temor es ser apartados de esa sensación que los hace sobrevivir desde que nacen y son abrazados por quienes se convertirán en las personas más importantes durante los primeros años y a lo largo de su vida.
 
Por esto, una crianza consciente implica también responder a ese amor incondicional, resultando la mejor estrategia de crianza y la mejor práctica que un ser humano pueda heredar y así transmitir a las futuras generaciones.
 
Por Mariell Olavarría Bustos, psicóloga especialista en apego y primera infancia. *Publicado el 7 de febrero 2013 en Revista Somos.

 

Creado por Portal del Embarazo. Fecha: 2016-11-13. Se autoriza uso citando www.portaldelembarazo.com


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